"Nunca digas que fue un sueño. No aceptes tan vanas esperanzas"

Blog construido específicamente para el curso Estrategias II del Magíster en Comunicación Política, U. de Chile. Luego... desaparecerá (el título es un verso de Kavafis)

22 diciembre 2006

Fin de fiesta

18 diciembre 2006

un chiste (Página 12)

15 diciembre 2006

Presentación no presentada: Análisis de la asignación del proyecto del CECS de la Región de Los Lagos en el marco del Programa Regional de Conicyt


El Programa Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Conicyt


Programa iniciado en 2002 con el propósito de descentralizar las actividades científicas, mejorar la infraestructura existente a escala regional y fortalecer los procesos productivos subnacionales (diversificación productiva y detección de fortalezas competitivas).

Cada región discute, en el ámbito del Gobierno Regional, donde además hay un programa de larga data con las universidades presentes en la región (desde el gobierno de Frei Ruiz-Tagle) la orientación del Centro Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico que financiará este Programa.

Hay regiones que han demorado años en decidir qué orientación tendrá su Centro, ya que su existencia demanda patrocinio y contrapartes financieras por un plazo de cinco años, que deben ser reprogramadas de las partidas del Fondo Nacional de Desarrollo Regional, FNDR (con montos máximos de mil millones de pesos).

Sólo este año se ha conseguido que cada región tenga su Centro.

Por lo general, el tema que guía la investigación está vinculado con las orientaciones estratégicas del Plan de Desarrollo Regional:

  • Región de Magallanes: Centro de Estudios del Cuaternario de Fuego
  • Región de Antofagasta: Centro de Investigación Científico-Tecnológico para la Minería
  • Región de Coquimbo: Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas
  • Región de Taparacá: Centro de Investigaciones del Hombre del Desierto
  • Región de Arica-Parinacota: Centro de Investigación de Energía y Aguas
  • Región de Aisén: Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia
  • Región de La Araucanía: Centro de Genómica Nutricional Agroacuícola

En la Región de Los Ríos, cuya creación todavía se tramita en el Congreso(1), Conicyt aprobó, el 22 de noviembre pasado, establecer el Centro de Ingeniería de la Innovación asociado al Centro de Estudios Científicos de Santiago, CECS, localizado en Valdivia(2).

Con ello dejó fuera de carrera a otro proyecto conjunto de las universidades Austral de Chile y Los Lagos que:

  • Nunca pudo ser presentado al CORE para que lo conociera.
  • Nunca pudo obtener el patrocinio del Intendente de la Región de Los Lagos, Jaime Bertín (jugó, literalmente, a las escondidas con los patrocinantes del proyecto para evitar el diálogo).
  • Fue ingresado de manera anómala al sistema (en lugar de enviarse a Santiago, se ingresó directamente a la oficina de Partes del Gobierno Regional en Puerto Montt, eso sí, un día antes de que venciera el plazo).
El acontecimiento
  • Crear un Centro Regional de Ciencia y Tecnología es una decisión técnica basada en el mérito del proyecto, aspecto que analiza Conicyt.
  • También es una decisión política. Se requiere que el Consejo Regional dé su patrocinio y acuerde los montos de co-financiamiento para un plazo plurianual. También que haya conocido el proyecto y que éste se alinee con la Estrategia de Desarrollo Regional.
  • Cuál fue el problema: consejeros del CORE de Los Lagos negaron haber participado en esa decisión, tal como se informó a Conicyt; lo que fue refrendado por un Informe en derecho encargado al Asesor Jurídico de la Intendencia, que el intendente desestimó, al ser éste último, el principal patrocinador de la iniciativa del CECS.
  • Finalmente, el CORE asignó sólo un quinto del presupuesto original del proyecto y le dejó la responsabilidad al CORE de la próxima Región de Los Ríos, que deberá decidir si quiere continuar cofinanciado este proyecto.
Y su construcción (cronología)

Jueves 16 de noviembre, El Mercurio, página A13:
Concurso Conicyt:
Por supuesto proceso irregular, eliminado proyecto que aspira a $ 2 mil millones

  • El IV Concurso se abrió el 14 de octubre y se cerró el 3 de noviembre (se presentaron 13 proyectos).
  • Los proyectos en disputa pertenecían al Centro de Estudios Científicos de Valdivia (CECS) y a las universidades Austral de Chile y de Los Lagos.
  • En rigor, el proyecto de las universidades – Centro Interdisciplinario de Investigación en Turismo Sustentable– no cumplió con dos exigencias (ausencia de patrocinio oficial y entrega en un lugar no definido por las bases del concurso).
  • Dos días después de abierta la convocatoria, Bunster, del CECS, le envió un perfil del proyecto al Intendente Bertín y consiguió su firma (fuente: CORE).
  • El 8 de noviembre, en la reunión del CORE (organismo encargado de asignar las platas), Bertín puso en votación un único proyecto, el del CECS, sin que estuviera anunciado en Tabla (según el artículo 42 del reglamento interno del CORE, el Intendente puede presentar proyectos que no están en tabla, pero con la aprobación de los consejeros. Bertín tiene otra opinión: el presidente del CORE tiene derecho a sacar o agregar temas de la tabla, y se acostumbra que ello se deje al final).
  • Los consejeros (El Mercurio no especifica cuáles) denuncian que fueron presionados para votar por un solo proyecto. Lo hicieron con la salvedad de que si se validaba el proyecto de las universidades, la votación quedaría nula. Lo que no sabían era que Bertín ya había entregado el patrocinio al CECS y que no podían escoger después por el otro proyecto.
  • Por su parte, las universidades del otro proyecto, cuatro días antes del cierre del concurso trataron de conseguir la firma del Intendente, pero nunca lograron ubicarlo. Bertín afirmó que no le constaba haber recibido esas peticiones, y reconoce haber tomado conocimiento del proyecto de las universidades “un día antes del cierre del concurso” (cuando ingresó en la Oficina de Partes de la Intendencia).
  • Bertín dio su firma al CECS para apoyar la creación del centro, pero el apoyo quedaba sujeto a la aprobación del patrocinio del CORE. Sin ésta, ningún proyecto regional puede seguir su curso.

Viernes 17 de noviembre,
El Mercurio, página A17
Conflicto por concurso regional: Consejo molesto con el Intendente Bertín

  • Consejeros del CORE piden abrir camino a universidades para crear Centro regional. Calificaron la acción de Bertín como “unilateral” y “fuera de reglamento”.
  • Cristhian Castro (DC, Valdivia) afirmó en la sesión que Bertín venía a pedir respaldo para una carta que ya había firmado. A su juicio, lo que correspondía era que el intendente citara a una reunión para escuchar ambas presentaciones, y entonces definir a quién se patrocinaba.
  • Soledad Vargas (DC, Llanquihue) señaló que no se sabe si Bertín firmó la carta como Intendente o como representante del gobierno regional. Si lo hizo como Intendente, no compromete al CORE a traspasar fondos (3).
  • Consejero Alfredo Fröelich (UDI, Osorno) señaló que el tema fue aceptado porque no había dineros de por medio.
  • La opinión de Conicyt: según Vivian Heyl no hubo ninguna irregularidad: hubo transparencia en las bases, se cumplió el reglamento y el jurado evaluará los proyectos: “Conicyt quiere que se sepa lo que hace, es una institución transparente”.

Miércoles 22 de noviembre, El Mercurio, página A13
Fondos para la ciencia: Nuevo conflicto en Conicyt por proyectos regionales

  • Ese día Conicyt dio a conocer el fallo que adjudicó los fondos a los cuatro nuevos proyectos regionales(4).
  • Para añadir más elementos a un acontecimiento que ya estaba algo borroso, se informa que Jorge Martínez (Presidente subrogante de Conicyt en ese momento) anunció al diario la probable renuncia de Gerardo Vergara, director del Programa Regional por desprolijidades en la presentación de los proyectos.
  • También le da cabida a la opinión del director del proyecto de las universidades, Pablo Szmulewicz, quien relativizó la importancia del fallo del concurso: “no es una tramitación importante, porque los evaluadores sólo revisan la adecuada formulación de un proyecto, no su pertinencia regional (…) Si se comprueba que hubo irregularidades, tanto Conicyt como en el Consejo Regional de la X Región tendrán que cambiar las determinaciones, aún cuando el proyecto adjudicado esté en ejecución”.

Jueves 23 de noviembre, El Mercurio, A14
Intendente de la Región de los Lagos: Jaime Bertín enfrenta al CORE

  • Sesión del 22 de noviembre del CORE de los Lagos, realizada en Cochamó. Se reveló la existencia de un documento, firmado por el Secretario Ejecutivo del CORE, que certifica que el CORE aprobó, “por mayoría absoluta, el aporte complementario al programa Manejo Centro Regional de Desarrollo Científico y Tecnológico, $ 1.000 millones en un período de cinco años que se entregaráa partir del año 2007 con un desembolso anual de $200 millones”.
  • Consejero Alfredo Fröelich: “Ese certificado es falso. Ninguna de las cosas que ahí se dicen ha ocurrido”.
  • Consejero Werner Grob: pese a que no estaba el acta de la sesión anterior, él recordaba que el acuerdo se tomó siempre y cuando no hubiese otro proyecto, “pero parece que había otras presentaciones”.
  • Consejera Soledad Vargas: “Ese acuerdo jamás se vio. Ese proyecto no existe y aparece con un certificado emitido por el CORE de Los Lagos”.
  • El gobernador de Llanquihue, Óscar Valenzuela, quien subrogaba al intendente, se negó a incluir el tema en la tabla. “El ejecutivo ha dado instrucciones perentorias y no habrá cambios en la tabla”.
  • Cuando llegó el intendente, no dio la palabra sobre el particular.
  • Rubén Delgado (UDI, Valdivia), le pidió que respondiera el oficio, donde basado en nuevos antecedentes, se le pedía una revisión del proceso. Bertín fue tajante, “no hay argumentos para revisarlo”.
  • De ahí en adelante, Bertín no se movió de su posición. “Se agotó el tema, di por terminado el tema”, insistió. “A ver”, gritó, “voy a dejar bien claro, por última vez, si ustedes tienen antecedentes suficientes para hacer una reunión secreta, me los hacen llegar y yo la hago”.
  • “¿Por qué secreta?”, preguntó Vargas, “¡esto ya es público!”
  • Consejero Christian Castro (Valdivia, DC): “Estamos cuestionados en los medios. Esto es grave, gravísimo. Por favor recapacite. En usted, como presidente de este consejo, recae legalmente la responsabilidad y estamos cometiendo una ilegalidad”.
  • Bertín negó irregularidades. Explicó su apoyo al CECS porque “nadie me lo pidió y porque la Universidad Austral ya tenía centros en las regiones X y XI”. Además, según él, era innecesario que el CORE conociera el proyecto (“para eso estaba el Conicyt”) y aseguró que el certificado se dio el día que el Conicyt les informó que sólo se había recibido una postulación (6).
  • Muchos consejeros aseguraron que nunca votaron aprobar $1.000 millones.
  • Bertín repitió: “ustedes votaron y dieron el apoyo financiero, si no querían, podían decir que no”. Nunca explicó por qué no escuchó el proyecto de las Universidades Austral y los Lagos, que no tuvo ocasión de presentarlo antes de la votación del CORE.

Jueves 23 de noviembre, El Llanquihue de Puerto Montt
Controversia en el CORE:
Un nuevo capítulo de la teleserie entre el Consejo Regional y el intendente Jaime Bertín, se escribió ayer en Cochamó

  • Los consejeros valdivianos y osorninos están molestos con Bertín desde que éste patrocinó al Centro de Estudios Científicos de Valdivia (CECS), ligado al físico Claudio Bunster.
  • Bertín sólo podía patrocinar a un postulante –el CECS­– y dejó fuera a las dos más importantes universidades de la Región, lo que causó la molestia de los consejeros, los que consideraron que se les debió haber consultado.
  • La audiencia iba a ser presidida por el gobernador, Oscar Valenzuela, quien pese a la insistencia de los consejeros, se negó a llevar a tabla el tema del Conicyt. Los consejeros respondieron amenazando con retirarse de la sesión, la que se reanudó con la llegada de Bertín.
  • Pese a que Bertín mantuvo firme su postura de no debatir el tema, los consejeros lograron revertir la situación y lo analizaron en los puntos varios.

Viernes 24 de noviembre, El Diario Austral, Valdivia
Desestiman apoyo del CORE

  • Para el consejero valdiviano Cristian Castro “el intendente debió escuchar la opinión del consejo antes de entregar su apoyo a un proyecto. Él decidió apoyar al CECS y según lo estipulado en las bases de Conicyt, eso dejaba fuera otra postulación.
  • La razón para no aprobar el proyecto de las universidades era que la U. Austral de Chile ya tenía dos centros de investigación regional.
  • Además, desconoció el certificado, que habría sido enviado por el CORE al Conicyt, donde se entregaría el apoyo al proyecto del centro de estudios por mil millones en cinco años. “Esto es grave, porque no corresponde a los acuerdos”.

Viernes 24 de noviembre, El Diario Austral, Valdivia
Apoyan proyecto entre Uach y ULA

  • Conicyt no aprobó el proyecto de la Universidad Austral y la Universidad de Los Lagos para crear un Centro Interdisciplinario de Investigación en Turismo Sustentable, la iniciativa se mantiene vigente tras el apoyo entregado por el senador Eduardo Frei a ambos rectores para buscar financiamiento alternativo para la ejecución de esta iniciativa.
  • Para el rector de la Universidad Austral, Víctor Cubillos, la pérdida del proyecto “ha generado una situación que no comentaré. Hemos convenido con algunas autoridades conversar este tema. Además, creo que no es bueno para la universidad estar en la polémica”.
  • El senador Eduardo Frei calificó al proyecto Centro Interdisciplinario de Investigación en Turismo Sustentable, como una instancia trascendente para la región debido a su énfasis en la investigación centrada en el turismo. “Creo que es un proyecto importante y debemos buscar otros canales de financiamiento. Ese es el compromiso que he tomado con ellos (ambos rectores). Como se trata de un proyecto del sector servicios, hay otros canales institucionales para lograr financiamiento a ese proyecto y es en lo que estamos trabajando”.
  • Pese al intento de reporteros este diario por conocer la opinión del Centro de Estudios Científicos, representantes de la institución expresaron que no se referirán al tema.

Lunes 27 de noviembre: Diario Austral, Osorno CORE reestudiará
asignación de recursos para investigación

  • Se anuncia que el próximo 6 de diciembre, el CORE se reúne nuevamente a debatir en torno al tema.
  • La desconfianza radica en que el proyecto de Bunster llegó anticipadamente a inscribirse en el concurso de Conicyt y con el requisito fundamental: el respaldo de la Intendencia Regional, que sus competidores no consiguieron.
  • Si bien el proyecto de Bunster ya está aprobado –con 200 millones de pesos del CORE y mil millones aportados por Conicyt–, el Consejo Regional se reunirá la próxima semana a debatir los últimos puntos en cuestión: la cifra exacta que recibirá la propuesta.
  • Mauricio Vera (PPD, Valdivia) reparó en la ausencia de igualdad de oportunidades.
  • El senador por la Décima Región Norte, Eduardo Frei, calificó al proyecto de las universidades como una instancia trascendente para la región, debido a su énfasis en la investigación. “Creo que es un proyecto importante y debemos buscar otros canales de financiamiento”.

Jueves 7 de diciembre, Diario El Llanquihue
Se complica situación del CORE por proyecto Conicyt

  • Informe emitido por el asesor jurídico del Consejo Regional, que da cuenta de una serie de ilegalidades que habría cometido este cuerpo colegiado al respaldar el proyecto del CECS.
  • En la sesión del 8 de noviembre, el CORE habría aprobado, por 13 votos a favor, la entrega de mil millones de pesos en un período de 5 años al CECS; sin embargo, la votación se realizó con tal grado de confusión que algunos consejeros reconocieron ayer -en una nueva reunión- que no sabían lo que habían aprobado. Incluso un core reconoció que “estaba pajareando” a la hora de emitir su voto.
  • La versión sobre la aprobación del millonario monto es sostenida por el intendente Jaime Bertín, los consejeros socialistas, y también por el secretario del CORE, Iván Madariaga, quien emitió un certificado al CECS (el número 307), que da cuenta del respaldo financiero a Bunster.
  • Según el informe legal, en la sesión del CORE, lo que se sometió a votación fue un respaldo al proyecto del científico Claudio Bunster y no la entrega de mil millones de pesos o cualquier otra cifra. Ello le restaría validez al certificado emitido por Madariaga, que confirma la entrega de los mil millones en 5 años al CECS.
  • Según el asesor jurídico, “tanto la decisión mayoritaria de respaldo al proyecto CECS, como el certificado 307, adolecen de vicios de ilegalidad que conllevan a nulidades e incluso invalidaciones”.
  • A esto se suma, según el informe, el que el proyecto del CECS no cumplió con los requisitos al momento de postular a Conicyt. Ello, porque al cierre de las postulaciones (3 de noviembre) la iniciativa debía contar con el patrocinio y apoyo financiero del Gobierno Regional (intendente y Consejo Regional), cuando en realidad el CORE votó el 8 de noviembre este respaldo -cinco días después- pero no el apoyo financiero. Para el abogado, se trata de “un antecedente más de la ilegalidad del acuerdo mayoritario del Consejo”.
  • El intendente Jaime Bertín le restó importancia al informe del asesor jurídico, estimando que sólo se trata de una opinión. Bertín insistió en que los actos públicos no se puedan invalidar, cuando afectan a terceros, en este caso el CECS.
  • Finalmente, ayer el CORE decidió evitarse problemas y aprobar la entrega de sólo $200 millones al CECS, dejando el problema en manos de la Región de Los Ríos.

Algunos datos (la memoria es frágil)
  • Durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000) se crearon las Cátedras Presidenciales y el Consejo Asesor Presidencial en Materias Científicas (con las mismas atribuciones que Conicyt). Uno de los beneficiados con las Cátedras fue Claudio ahora Bunster. También fue miembro del Consejo Asesor Presidencial.
  • Durante el mismo gobierno, se creó, gracias a un préstamo del Banco Mundial, la Iniciativa Científica Milenio (símil del Fondap de Conicyt). El Centro de Estudios Científicos de Santiago es un Instituto Milenio.
  • Eduardo Frei, DC, es miembro del Consejo Asesor del CECS.
  • Eduardo Frei es Senador de la X Región Norte (16° circunscripción), donde se localiza Valdivia.
  • El Intendente Jaime Bertín milita en el Partido Demócrata Cristiano. Hasta su nombramiento, era Rector del Centro de Formación Técnica de Tecnologías Contemporáneas (TECCON), en Osorno, miembro del Consejo Superior de la Universidad de Los Lagos, socio activo de la Sociedad Tecnológico Contemporáneo Ltda. y socio fundador de la Corporación de Desarrollo Social de Osorno. En el gobierno de Lagos, fue Gobernador Provincial de Osorno.
Las tribus científicas
En torno a las áreas de conocimiento se configuran comunidades científicas o “tribus académicas” con una lógica de funcionamiento similar a la de cualquier grupo humano. Son agrupamientos sociales organizados. Como tal, están atravesadas por lógicas de poder similares a cualquier otro grupo. No hay un estatuto especial para este mundo, o no debería haberlo. Los campos científicos son mundos sociales, donde hay concentraciones de poder, de capital, monopolios, relaciones de fuerza, intereses egoístas, conflictos, etc.

El capital científico es un tipo especial de capital simbólico basado en el conocimiento y el re-conocimiento. Este último es un elemento central para comprender los tipos de relación que se establecen entre el mundo científico y otros campos, como el político.

Siguiendo a Pierre Bourdieu(5), el campo científico, igual que cualquier otro campo de luchas, es un campo de acción socialmente construido en el que los agentes dotados de recursos diferentes se enfrentan para conservar o transformar las correlaciones de fuerza existentes.


Conclusiones y constataciones

El valor del trabajo periodístico
Una sola cadena abordó el hecho (El Mercurio y su cadena de diarios regionales). Parece ser una decisión descentralizada. Es decir, proveniente del frente de Ciencia y Tecnología que lidera Nicolás Luco, y no una decisión editorial (en octubre se publicaron crónicas muy halagüeñas al CECS en distintos suplementos: Vivienda y Decoración, Artes y Letras y Revista del Sábado). Hubo un esfuerzo por seguir el tema hasta su conclusión natural (la decisión del Core de Los Lagos de traspasar la responsabilidad al Core de Los Ríos) y de reportear a todos los protagonistas del hecho que quisieron dar su versión. Los principales perjudicados, las universidades regionales, optaron por el camino del silencio y de las negociaciones privadas.
Cabe señalar que la sección Ciencia y Tecnología de Internet es de larga data, cuenta con periodistas bien preparados y muy conocedores del "frente" (temas y fuentes).

El silencio de otros actores
Aunque las crónicas entregaron una multiplicidad de datos sobre los errores, las omisiones, las negligencias y las faltas a la probidad, no hubo reacciones de otros actores. Salvo el único parlamentario mencionado en las notas periodísticas, Eduardo Frei (y que efectivamente está detrás de la maniobra), no hay otros políticos que hayan terciado en la polémica (aunque Eduardo Frei entra en el relato de manera oblicua). Podemos suponer que el tema no les interesa, no está dentro de sus competencias (no pueden hablar de él con propiedad) o hay un acuerdo tácito para “dejar hacer”.

Llama la atención la actitud de las autoridades administrativas que han avalado la presentación de un proyecto que debería haber quedado fuera de bases en forma inmediata porque no cumplía con los requisitos.

La carta del Intendente y, luego, el documento que acreditaba la entrega de recursos públicos de contraparte al proyecto, se deben adjuntar al momento de postular, pues se supone que el CORE ha trabajado junto con los agentes especializados del mundo científico, y ha llegado a un acuerdo plurianual para financiar un Centro “temático” acorde con las necesidades regionales (lo que supone fabricar un alto grado de consenso entre actores con preferencias no coincidentes).

El caso analizado no siguió ese patrón, por lo que cabe deducir que tanto en la región como en la agencia pública se han violado procedimientos administrativos que son bastante simples, claros y explícitos, como se colige después de analizar el corpus de información sobre el tema.

Además de ser un caso patente de tráfico de influencias, hay otro aspecto de fondo: la ausencia de un espacio colectivo donde debatir, cuestionar y problematizar la llamada “política científico-tecnológica”, “la cultura de la innovación” y las decisiones de la autoridad administrativa en ambas esferas. Más preocupante aún resulta cuando los recursos públicos se han multiplicado gracias al impuesto que significa el royalty, lo que hace augurar que prácticas como las descritas podrían no ser excepcionales.

Legitimidad y eficacia de las políticas públicas
Hoy día, el espacio donde se debate la ciencia, la tecnología y la innovación está copado por tres tipos de actores: la Academia, las agencias públicas especializadas y los empresarios vinculados con el área tecnológica. No hay otros actores. No han sido llamados ni tampoco se sienten convocados. Es un tema borrado de la agenda pública en sus aspectos más estratégicos. No es un problema de transparencia y, a la vez, lo es.

Hay una transparencia formal, que no es mala: los mecanismos de selección que se han propuesto y legitimado en este territorio pueden aprobar la prueba de la blancura a partir de sus propias definiciones: son públicos, imparciales, evaluados por pares nacionales e internacionales y tienen el visto bueno de las principales agencias multilaterales de financiamiento: el BID y el Banco Mundial.

Pero ese no es el punto. Falta desarrollar la transparencia social que permitiría valorar el desempeño de la comunidad científica a la luz de las grandes metas que el país persigue. Hoy día ese es un territorio vacío. No hay parámetros de evaluación del desempeño de la comunidad científica desde el punto de vista de las que se usan para las políticas públicas: cobertura, prevalencia, costo-beneficio, reducción del riesgo social, aumento de ingresos, mejora en la calidad de vida.

Hay que inventar la batería pertinente, pero más allá de cómo medir el avance, el retroceso o el estancamiento, hay que tomar conciencia de que este, en primer lugar, es un campo no sujeto al escrutinio público, ni tampoco abierto al debate ni de sus premisas ni de sus resultados, más allá de los propios parámetros –la mayoría bibliométricos– que la comunidad científica se ha autoimpuesto para calibrar su desempeño.

Una discusión ausente de la agenda pública
¿Por qué es relevante esta discusión hoy día? Un par de fenómenos o de constataciones:

1.- El rol de la ciencia y la tecnología en la competitividad global del país. A pesar del avance que registra Chile en los índices de competitividad, el indicador más rezagado es la innovación tecnológica y la capacidad de absorber tecnologías (está por debajo de la mayoría de los países de América Latina). A lo anterior se agrega la disponibilidad de recursos que ha dejado el llamado royalty(7), que ha multiplicado las acciones de cabildeo y de tráfico de influencias en los dispositivos de decisión.
Al respecto, no sirve cualquier inserción en la economía mundial: lo que funcionaba en los ‘60 y ‘70 ha terminado por ser una receta inútil para conseguir la prosperidad a comienzos de este siglo. Países con una canasta exportadora concentrada en productos primarios con bajo o nulo valor agregado y que han logrado crecer rápido y por un periodo sostenido terminan por ser la excepción y no la regla. Hoy día lo que interesa no es qué se produce, sino cómo se produce, y se da énfasis al desarrollo de redes de conocimiento que propicien la innovación y la adopción de tecnologías(8).

2.- No existe “el plan quinquenal”. No hay política explícita en materia de ciencia, tecnología e innovación. Es decir, no hay un documento sancionado por la autoridad política que detalle en forma pormenorizada cuáles son los objetivos y metas que el país se propone obtener, los instrumentos que se utilizarán para alcanzar el conjunto de resultados previstos y cómo se articularán las agencias para conseguirlos en el corto y mediano plazo. La falencia es más visible en el área científica, ya que las bases de la Política Tecnológica han quedado medianamente delimitadas gracias al esfuerzo del Ministerio de Economía.

3.- El clamor por la transparencia.Hoy día los programas que financian investigación científica y tecnológica se definen como esencialmente técnicos y están fuera de la deliberación política propiamente tal, concebida como el espacio de intercambio de diversos actores, sus intereses y los mecanismos para concertar sus voluntades. Parte de ese sesgo obedece a la particularidad del trabajo científico y a su supuesta neutralidad valórica. Introducir en este campo de significaciones otras variables que “politicen” la experiencia y el conjunto dado de elecciones, se advierte como un ejercicio inútil y riesgoso. Pero al analizar esta experiencia, la "politización" del campo puede ser un antídoto contra la posición más ventajosas de unos en comparación con los otros

4.- El cambio de paradigma en el área de la ciencia básica: hay nuevos modos de producir conocimiento científico que se caracterizan por funcionar dentro de un contexto de uso, exhibir características multidisciplinarias, por ser conducido por grupos heterogéneos y por tener sensibilidad y responsabilidad social (9). Lo que Chile espera del desempeño de su comunidad científica para alcanzar un nivel de desarrollo sustentable y sostenible en el tiempo, debe transitar hacia un espacio de debate y deliberación. Desde allí debería materializarse una nueva agenda de ciencia y tecnología que aporte a modificar la trayectoria tecnológica del país mediante la acción concertada de diversos actores sociales y el aprovechamiento de coyunturas favorables. Es necesario avanzar hacia el diseño de estrategias políticas que permitan el control democrático de la innovación, y un aprendizaje social que ponga en discusión los supuestos implícitos en cada alternativa, de modo que las opciones tecnológicas sean un reflejo de decisiones conscientes al servicio de valores sociales y ambientales ampliamente compartidos. Resulta claro que el caso bajo análisis pertenece a un estilo que debería ser soslayado, incluso cuando no se trate de ciencia y tecnología: el tráfico de influencias, el uso de información privilegiada y la ausencia de igualdad de condiciones en el juego.

Notas

(1) A mediados de diciembre pasa a tercer trámite legislativo en la Cámara de Diputados. En la Comisión de Gobierno del Senado se mantuvo el criterio de que la Región de Los Ríos no incorporará a la Provincia de Osorno, y que sólo estará integrada por las de Valdivia y Ranco. La comunidad de Osorno, en una consulta ciudadana realizada el 19 de noviembre, rechazó la posibilidad de integrar la nueva Región de Los Ríos.

(2) Creado en 2000 por el Programa Milenio, con fondos del Banco Mundial y del gobierno de Chile, el CECS o CES es un Instituto Milenio con tres áreas de investigación: biofísica y fisiología molecular, física teórica y glaciología y cambio climático. El investigador responsable es Claudio Bunster (ex Teitelboim) Weitzman. Ver http://www.mideplan.cl/milenio/memoria.htm.

(3) Es la doble función del Intendente: representante del Ejecutivo en la región y cabeza del Gobierno Regional

(4) Centro de investigación de energía y agua (Tarapacá), Centro de investigación y desarrollo sustentable (Atacama), Centro regional de estudios en alimentos saludables (Valparaíso) y Centro de Ingeniería de la Innovación (Los Lagos).

(5) Bourdieu, Pierre (2003). Los usos sociales de la ciencia, Editorial Nueva Visión.

(6) Lo que implica que Bertín sabía de la existencia del otro proyecto y que no estaba seguro de que la carta de patrocinio que había firmado, motu proprio, sería aceptada por Conicyt.

(7) Ley 20.026, que establece impuesto específico a la actividad minera.

(8) El crecimiento está determinado por la productividad total de factores (PTF).

(9) La taxonomía pertenece al libro The new production of knowledge. The dynamics of science and research in contemporary societies, de los autores Michael Gibbons, Camille Limoges, Helga Nowotny, Simon Schwartzman, Peter Scott y Martin Trow. Citado en el Informe realizado por el IDCR de Canadá en 1998 sobre el estado de la ciencia, la tecnología y la innovación en Chile.
Disponible en Internet en http://web.idrc.ca/en/ev-27351-201-1-DO_TOPIC.html

La ética del arzobispo

por Pablo Azócar (publicado en El Mostrador)

Si algo saben y supieron siempre mejor que nadie los prelados de la alta jerarquía de la Iglesia Católica, es que las formas significan mucho y que en política a los gestos y acciones se les suele conferir la carga de símbolos. Cabe pensar, por lo tanto, que cuando el jefe de la Iglesia Católica chilena llegó la semana pasada hasta el Hospital Militar para visitar a Pinochet, sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Sabía que su visita, en momentos en que no existía ningún imperativo diplomático para hacerla, iba a ser percibida por muchos de sus fieles como un escarnio, una suerte de aval moral sobre la figura de Pinochet.

Cuando el ex dictador murió, Errázuriz tampoco tenía ninguna obligación diplomática de dirigir él, personalmente, el responso fúnebre en la Escuela Militar. Pero lo hizo. Y a una ceremonia que iba a tener carácter de funeral oficial sólo para el Ejército, por la calidad de ex comandante en jefe de Pinochet, Francisco Javier Errázuriz le dio el respaldo institucional de la principal iglesia del país. Sólo con su comparecencia, el arzobispo hizo que la Iglesia Católica despidiera como jefe de Estado a un individuo procesado en decenas de casos judiciales por brutales violaciones a los derechos humanos, un católico que ni una sola vez en su vida pidió perdón por lo que hizo, un ex gobernante tan corrupto como no lo hubo nunca antes ni después en la historia de Chile, un reo escurridizo dedicado en los últimos años a eludir la cárcel con triquiñuelas humillantes como la demencia.

El purpurado, sin embargo, no llegó sólo hasta allí. Porque en su homilía, con toda la prosopopeya y solemnidad que conlleva un responso fúnebre, no mencionó ni una sola vez la palabra derechos humanos e hizo afirmaciones sencillamente asombrosas. “En esta hora le agradecemos a Dios todas las cualidades que le dio (a Pinochet) y todo el bien que le hizo a nuestra Patria”, dijo. “Pedimos que el Señor valore todo lo bueno que hizo (…). Sabemos que mientras más alta es la autoridad, más brillan sus cualidades y sus errores. Le pedimos al Señor que tome en cuenta todo el bien que hizo”.

¿Todo el bien que hizo? ¿Sería capaz, monseñor, de enumerar punto por punto cuál fue el bien que hizo? Uno puede suponer –si escucha los planteamientos de la propia iglesia- que no está aludiendo al famoso modelo económico (mencionado hasta el hartazgo, como último y único recurso, por quienes defienden su “obra”). ¿Y entonces? El arzobispo no es inocente, conoce el peso de las palabras, y sabe que al hablar de “cualidades y errores” lo que está planteando es un empate, el mismo truco éticamente impresentable de los que hablan de “caídos de lado y lado”.

Cuando en 1998 Errázuriz movió cielo, mar y tierra en los pasillos vaticanos para que Pinochet fuera liberado en Londres, cuando llegó a declarar con la barbilla temblando que había que traerlo a Chile “independientemente de si hay más o menos justicia”, debió apelar al último recurso, extraer de la manga el comodín final: recordó a los millones de chilenos a quienes la iglesia salvó y defendió durante la propia dictadura. Lo que no dijo el arzobispo, en aquel recordatorio, es que ese trabajo heroico lo hicieron otros pastores, los mismos a los cuales la propia jerarquía vaticana se ha encargado de ir borrando literalmente del mapa. El trabajo colosal que realizó la iglesia en esos años de plomo tuvo centenares de actores, simbolizados en uno principal: Raúl Silva Henríquez. Eso sí: en esa larga lista de mujeres y hombres extraordinarios no figuran ni monseñor Medina ni monseñor Sodano ni monseñor Errázuriz. No es decente ni es cristiano que vengan, ahora, a pasar la cuenta.

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14 diciembre 2006

Trabajo final: APOSTILLAS AL ENSAYO ¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE COMUNICACIÓN POLÍTICA? DE JAVIER DEL REY MORATÓS

Del Rey sabe desde la partida que tratar de definir el campo de acción de la comunicación política no es una tarea fácil. Por tanto, parte con la prevención de que su trabajo será algo así como un mapa del territorio que abarcaría la comunicación política, al tratar de definir o descifrar “qué es, cuál es su estatuto, qué lugar ocupa en la sociedad actual, qué tipo de relato propone, qué juegos impone y qué forma de cultura política propicia”.

Para del Rey, definir la comunicación política implica afirmar que política y comunicación son consustanciales, pero que no son términos que se pueden reducir el uno en el otro, ni menos disociar. “La comunicación política no es la política, pero la política –parte considerable de ella– es, o se produce, en la comunicación política”.

La política y la comunicación serían campos fenomenológicos distintos, pero que confluyen en un punto de encuentro llamado comunicación política, leída como una nueva realidad cultural. Como tal, la comunicación política se puede considerar un aspecto de la política y no sólo una actividad que informa sobre ella.

Más aún, este “aspecto” de la política se ha complejizado muchísimo desde el original “gabinete de prensa”. Ahora hay gabinetes de imagen y comunicación, análisis de medios, diseño de estrategias y estudios de marketing. Obvio. En el “antes” había una mediación más simple, la comunicación directa y cara a cara entre gobernantes y gobernados, entre los actores sociales o entre los representantes de intereses, en un espacio público que ponía en juego las habilidades naturales del líder, su carisma y su capacidad retórica para leer los signos de los tiempos y encarnar discursivamente los imaginarios colectivos(1).

Hoy esa mediación está a cargo de los medios de comunicación, que crean su propia lógica de mediación en la medida en que, como afirma Eliseo Verón, se han organizado en una industria cultural: “los medios producen la realidad de una sociedad industrial en tanto realidad en devenir, presente como experiencia colectiva para los actores sociales”(2). Así, políticos con poco o nulo carisma como Fernando de la Rúa o Eduardo Frei pueden resultar ganadores de las grandes justas electorales si saben qué decir y cómo exponerse ante la lógica mediática.

Hoy día los políticos no se dedican a gestionar el gobierno, afirma del Rey. Para ello existe la tecnoburocracia administrativa del Estado, que mueve la maquinaria de las políticas públicas (donde lo que interesa es que se mueva, no los resultados, buenos o malos, que produce, ya que siempre es posible seguir prometiendo la mejora o la conquista). Hoy, los políticos se dedican, gracias al sistema mediático, a construir los discursos, el relato del gobierno, aquel consenso que permite generar el grado de gobernabilidad suficiente para mantener al sistema democrático aceitado, funcionando, en régimen.

Con este aserto, del Rey recupera dos elementos constituyentes de la definición clásica de la política, el actuar (2) y el comunicar(3), la praxis y el discurso.

¿De qué habla la comunicación política en primer lugar? Del Rey reduce el fenómeno de lo político a una definición sobre “lo importante” (“todo aquello que influye en forma destacada sobre el resultado de los acontecimientos”); “lo valioso” (la influencia de cada resultado político sobre nuestros valores y sobre las personas y cosas que nos interesan”) y “lo real y verdadero”. Es decir, el hablar político, su propia lexis, tiene que pasar “la prueba de la blancura” de la realidad.

Ya no se trata de pensar la comunicación política como un campo simbólico que colisiona con otros campos simbólicos, con otros discursos, con otras lógicas representacionales. Es la pura normatividad que habla desde un “nosotros” que es mero lugar común por su vocación universal y determinística. Para el autor, el político frente a lo real es un buen político si sus juicios reflejan/interpretan/decodifican/leen algo llamado “realidad”, un fenómeno que es objetivo, la physis de los griegos, cuyas reglas y operaciones la razón del hombre podía conocer porque eran manifestación de lo éntico del Ser (“el Ser se nombra de muchas maneras”, decía Aristóteles, y en la medida que nombro, conozco y colonizo).

Dicho esto, del Rey hace un par de salvedades adicionales, que también pueden ser leídas como reducciones del fenómeno. La política tiene que ver, en último término según el autor, con la relación entre gobernantes y gobernados, con lo cual la política queda reducida a una expresión instrumental (no hay más política que aquella que se da en esa relación, con lo cual todas las otras relaciones donde se juega el poder y la lógica de la gubernamentalidad son “impolíticas”) y que la política genera comportamientos diferenciados que se inscriben en la lógica del amigo/adversario.

Este último elemento, que está fuera de la normatividad clásica, termina por traer a colación a pensadores antiliberales como Carl Schmitt, que reconoce que lo único que permite diferenciar a la política de otros fenómenos es la distinción entre amigo y enemigo, que ni siquiera apela a unas categorías morales de bondad o maldad. O a Chantal Mouffe –en el otro extremo, ­el neomarxismo­– con su concepto de la política como relación agonística.

Curiosamente, ambas distinciones, que están fuera de la normatividad donde comenzó matriculándose del Rey, terminan por conducir a la política y a la comunicación nuevamente al espacio normativo clásico, donde la política sólo habla de gobernantes y gobernados porque del Rey lee el agonismo como una anécdota.

En democracia, la relación gobernantes-gobernados transcurre o se materializa por dos cauces: la representación y la comunicación. Esta última, basándose en los comportamientos que genera el par amigo/adversario, crea el “juego de lenguaje” más socorrido en particular en épocas electorales.

Una puntualización antes de seguir: hasta aquí hay una óptica estrecha de mirar el fenómeno, como si el carácter agonista de la política no fuera sino una mera construcción discursiva que aparecería en épocas propicias (las electorales), y no un elemento sustantivo de la política, que rara vez emerge en el paisaje de la administración del poder.

De qué habla la comunicación política, se pregunta del Rey. Se contesta: de los hechos del poder, de los fines de la vida, de las metas de la existencia de la sociedad, de lo bueno y lo malo, lo correcto y lo erróneo. Es decir, de los valores, de la intimidad. Con ello, volvemos a cierta razón universal que determina los fines, el telos, pero sin definir qué valores, cuáles perspectivas, desde qué episteme se construye el discurso que porta la comunicación política; en definitiva, a confundir discursos públicos con opciones privadas, el espacio de la subjetividad singular(4) con el relato de la gubernamentalidad, la soberana amalgama. En definitiva, la comunicación política pareciera no conocer límites de contenido ni de disciplinas, con lo cual se evapora su propia especificidad.

No obstante, a juicio de del Rey, en épocas electorales la comunicación política adquiere su sello más característico y donde hacen su aparición lo que el autor denomina “juegos de lenguaje”. Allí, los destinatarios de estos juegos pueden reconocer sus propias experiencias, validar sus discursos al habitar el espacio compartido que es el lenguaje.

Los publicistas, los profesionales del marketing y los políticos serían los expertos en los llamados “juegos de lenguaje”: “todos ellos saben que el dominio del lenguaje les permite un acceso privilegiado a los juegos de lenguaje, y que ello se traduce en poder sobre el pensamiento, lo cual es tanto como decir que el poder de comunicación origina poder político”.

Podría ser una perspectiva que se afiliara a las distinciones de Jacques Ranciére: los sujetos sólo se constituyen en el acto de habla y a partir de un desacuerdo, de la constatación de un daño, que el orden, en su lógica de supervivencia, logra procesar y devolver como un nuevo orden ampliado; pero del Rey no está en ese campo filosófico: está en el mero pragmatismo, donde la comunicación política se emparenta con las mejores armas de la Retórica, al afirmar que los juegos de lenguaje pueden ser tanto un fiel reflejo de la realidad(5), como un perfecto simulacro de la misma.

Así, del Rey nunca va al fondo del asunto: la comunicación política es parte de un dispositivo, y las dos formas de enunciación, el reflejo y el simulacro, ni siquiera pueden ser evaluadas como falsas o verdaderas, mejores o peores. Sencillamente son parte del mecanismo de la representación de la política en la sociedad contemporánea. No hay una correcta y la otra, “un desastre epistemológico” que conduce a desastres políticos. Lo que existe son apuestas, ganadas o perdidas en el ejercicio del poder al evaluar, con más o menos asimetrías de información, las jugadas de los adversarios.

Lo demás es casi señalar que las derrotas políticas siempre obedecen a la mera estulticia humana. O que, es lo mismo, hay buenas tekhnés y malas tekhnés para hacerse con el poder y administrarlo, con lo cual la política termina reducida a una dimensión puramente instrumental.

No obstante, para el autor el imperativo de realismo de la comunicación política exige alinear el gobierno con el dato duro de los fenómenos más permanentes (por de pronto, los de la economía), más que dejarse llevar por un programa populachero al gusto de la galería. Pero la experiencia indica que son dos mecanismos de representación no excluyentes: En el caso chileno fue posible no variar un ápice lo esencial de una infraestructura económica heredada (la llamada “economía social de mercado” de la que tanto le gustaba alardear a Pinochet) y encubrirla con el discurso de la “igualdad de oportunidades”, que funciona como imaginario envolvente e inclusivo para disimular los patrones de exclusión del capitalismo.

A reglón seguido, del Rey trata de fundar la episteme de la comunicación política en el entramado del positivismo realista popperiano(6): el acto de la comunicación sería real porque es capaz de “pegarle una patada a la realidad, modificándola”. Pero también ensaya el camino inverso, el de Watzlawick: “lo que llamamos realidad es el resultado de la comunicación”. Como en un silogismo donde la lógica puede darse por vencida, del Rey se atreve a pensar que tal vez la descripción del mundo no sea el fiel reflejo de su legalidad, y que el estatuto de “realidad” pueda ser una construcción comunicativa… Inmenso descubrimiento(7).

Por último, el autor se pregunta por el tipo de cultura política que propicia la comunicación política. Y terminar por afirmar que la última es la “agonística de la democracia”: y aunque no da más luces sobre lo que ello implica, podríamos deducir que es el espacio discursivo donde la conflictividad propia de la lógica adversarial de la política encuentra su momento de exhibición y de resolución.

En los últimos párrafos sobreviene la queja: que estamos frente a la cultura de la personalización, que ya no hay metarrelatos, sino personajes; se evaporaron las propuestas programáticas, sólo quedan los insultos. La comunicación política como ejercicio estético, retórico y afectivo orientado más a la manipulación y al acallamiento que a la representación de múltiples intereses.

Pero no hay un abordaje al fenómeno sustantivo que hoy día redefine ambos campos fenomenológicos: el de la política y el de la comunicación, y que genéricamente se denomina “la mediatización de la política”. Ello no sólo cambia los mensajes, los canales, las formas de emisión y de recepción (por mencionar aquello que parecen ser los elementos constitutivos de cualquier teoría de la comunicación). Lo que se ha alterado de manera al parecer irreversible es el campo de la representación de los intereses, aquel dominio específico de la política, que en los últimos 200 años ha pervivido en Occidente como democracia representativa, y que hoy día está profundamente modificado en sus claves más significativas.

Ergo, si ambos conceptos, la comunicación y la política, son consustanciales y no se pueden disociar, y que el punto de encuentro de ambos es la comunicación política, sólo cabe concluir que asistimos a la degradación de los dos fenómenos (aunque tampoco sabemos con qué parámetros evaluamos el detrimento). De la promesa de terminar con un mapa en la mano poco y nada se ha podido rescatar.

Notas

(1) Verón, Eliseo (1987). La construcción del acontecimiento, prefacio a la segunda edición.

(2) “La política versa y se apoya en las acciones o prácticas de la vida (…) puesto que el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción”. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro Primero, pág. 27.

(3) El decir de la política, el discurso público, es el reino del logos que porta en sí la verdad de la esencia del ser (aletheia). Hanna Arendt afirma en La condición humana que “ser político, vivir en una polis, significaba que todo se decía por medio de palabras y de persuasión, y no con la fuerza y la violencia” (cap. II, pág. 40).

(4) En la sociedad contemporánea, según Arendt, “los hombres se han convertido en completamente privados, es decir, han sido desposeídos de ver y oír a los demás, de ser vistos y oídos por ellos. Todos están encerrados en la subjetividad de su propia experiencia singular (...) El fin del mundo común ha llegado cuando se ve solo bajo un aspecto y se le permite presentarse únicamente bajo una perspectiva”. (La condición humana, cap. II, pág. 67 ). Con lo cual, lo que se transfigura son los sujetos de habla. Ya no hay parresía, hay doxa.

(5) Tal vez a estas alturas sea necesario repetir el aserto de Nils Bohr, que ni siquiera era filósofo, sino que físico: “la realidad no existe, sólo existen los fenómenos”, y tomar partido por el danés y no por Einstein, quien quería afirmar el valor real de los fenómenos del universo, frente a los presupuestos probabilísticos de Bohr y a los nuevos conceptos de “realidad” que emergieron con la física cuántica.

(6) Resulta algo pretencioso asentar el estatuto de realidad de la comunicación política basándose en Karl Popper, uno de los máximos exponentes de la filosofía de la ciencia (investigación sobre la naturaleza del conocimiento científico y la práctica científica). Hasta ahora no existe la ciencia de la comunicación, aunque a muchos les pese, ya que no se ha constituido como disciplina, no tiene un solo objeto de estudio ni un método de investigación propio.

(7) Un aporte a pensar el tema desde el campo de las ciencias cognitivas. El neurobiólogo Francisco Varela afirma que la cognición está ligada de manera vital a la acción del cuerpo. Así, el mundo no está separado del cuerpo que conoce, sino que emerge a la par de sus propias acciones. Es lo que Varela denomina “cognición como enacción” (del inglés to enact, emerger, hacer aparecer). En esta perspectiva, la percepción no es vista como el registro de información ambiental y la realidad no es algo dado porque “lo que cuenta como mundo relevante es inseparable de la estructura del que percibe” (Ética y acción, pág. 19.>

11 diciembre 2006

"Tengo memoria, creo en la verdad y aspiro a la justicia" (me gustó esa frase de la Presi)

Augusto Pinochet, asesino
Por José Pablo Feinmann (Página 12)

Y se murió de viejito nomás. En una cama, del corazón (un corazón al que sólo acudió para morir tranquilo), rodeado de fascistas y dolorosamente impune. Cuesta encontrar las palabras para expresar la monstruosidad de este hombre. Cuesta expresar la tragedia que implicó en nuestras vidas. Inauguró el golpe sangriento, con torturas sin límite, con desaparecidos. Todo golpe cruento, asesino, tomó su nombre: pinochetazo. Aquí, a mediados del ’75, todos lo decían: “Lo que se viene es el pinochetazo”. Debimos saberlo desde el ’73. Debimos saber que el adversario no sólo era poderoso, sino que era criminal. Debimos haber puesto cautela en nuestra mano; no frenarla, no pararla, pero reflexionar que lo de Chile nos dejaba muy solos, era muy desmedido y reclamaba eso: cautela. Pero estábamos embalados. En septiembre de 1973 la Facultad de Filosofía y Letras dictaba muchas de sus materias en la calle Córdoba. Un lindo lugar con una capilla en el medio. Ivannisevich se sacó una foto pegándole con un pico a una pared, destruyendo el edificio. Prolijos, dejaron la capilla. Todavía está. Un pibe de la JUP me dijo del golpe y se me ofreció para levantar mi clase. Yo, uno se creía, aún, inmortal, le dije que la levantaba yo y llevaba a mis alumnos a la marcha. Salimos de las aulas en busca de las marchas. Sentíamos más la presencia de la JP en las calles, vivando a Allende, que la relación profunda, íntima, que la tragedia de Chile tenía con nosotros. En esa época las fronteras parecían más lejanas. Si algo pasaba en Chile, no tenía por qué pasar aquí.

En seguida llegó la foto del carnicero. Es la perfecta caricatura del general golpista sudamericano. La jeta erguida, bigote, anteojos negros. Después, la noticia de la muerte de Allende. Decían: se suicidó. Un periodista le pregunta a Ricardo Balbín qué haría él en una situación así. El compadrito de comité se mandó una histórica: “¡Ah, no! A mí no me hacen eso”. No recuerdo qué dijo Perón. Nada memorable, sin duda. Poco tiempo después cruzaba la cordillera y se entrevistaba con el carnicero. ¡Qué vivos están estos recuerdos! Los dos bien trajeados de milicos. Con capas y todo. Le gustaban las capas a Pinochet. Al día siguiente o a los dos días empezaron a llegar los exiliados, los que apenas habían salvado el pellejo o los que habían sido escupidos del Estado Nacional. Estaban desechos. En Ezeiza, el gobierno argentino les tomó huellas digitales hasta de los dedos del pie. Les tomaron todos los datos, los ficharon bien fichados, les hicieron saber que si algo raro hacían duraban media hora sin ser arrestados. El Descamisado publicó las fotos y tituló: “Esta vergüenza se hace en nombre del peronismo”. Claro que sí: eso hizo el peronismo. Lo habría hecho cualquier gobierno argentino. Pero el peronismo de esos días era pinochetista. Cosa que, en algún oscuro rincón de su alma, siempre puede volver a ser si es necesario.

López Rega habrá brindado con champán. El carnicero de Chile estaba enseñando cómo se arreglan las cosas con el marxismo internacional, con la sinarquía apátrida. Nosotros empezamos a enterarnos de las peores cosas. Las versiones que llegaban sobre las torturas y las violaciones del Estado Nacional estremecían. ¿Era posible tanta crueldad? Se sabía que estaba lleno de tipos de la CIA el Estadio. Que los de la CIA eran especialmente activos en torturar y hasta enseñaban a los empeñosos chilenos cómo hacerlo. Las mujeres que maltrataron a Allende con los cacerolazos salieron a festejar. Otros agarraban lo que tenían a mano y huían. “Yo –me contó años después un escritor– llegué a Perú, me metí en una pensión, abrí mi valija y puse en un estante los libros que me había llevado. Ahí estaba mi nueva biblioteca: un libro de Cortázar, otro de Lezama Lima y uno de Tolstoi. Era todo lo que tenía.”

Un día lo fue a ver Borges. El carnicero estaba orgulloso: el gran escritor había cruzado la cordillera y estaba feliz de verlo. Le puso una condecoración bien llamativa. El gran escritor –el que decía un mar de concheterías bobas cada vez que “comía”, porque un concheto no “almuerza” ni “cena”, “come”, en lo de Bioy Casares– le dijo al carnicero: “Me honra esta condecoración porque Chile tiene la forma de una espada”. También la Thatcher lo recibió y le habló con un inglés lento y vocalizado como para que el carnicero entendiera: “Le agradezco su ayuda en la guerra de las Falklands. Sin sus informaciones nuestros pilotos no podrían haber hecho los blancos que hicieron”. El carnicero sonrió, satisfecho, goloso.

Cierta vez estaba en una clínica en Londres. Golpean a su habitación. Entra una mujer joven y resuelta, treinta años, por ahí. El carnicero, siempre seductor, sonríe y dice: “Pasa, niña. Dime, ¿a qué vienes?” “A arrestarlo, general. Por violaciones a los derechos humanos.” Se enfurece y llama a sus matones: “¡Saquen de aquí a esta comunista!” Días después regresa a su país. Llega en silla de ruedas. No bien baja del avión se pone de pie y saluda a los suyos. ¡Pícaro el carnicero! Otra vez había engañado a todos.

No sirve para nada que se muera. Que estos tipos se mueran cuando ya mataron a todos los que querían matar es un pobre consuelo. Ni un cáncer vale desearle. Nadie va a revivir por eso. Nadie va a sufrir menos de lo que sufrió. Deja, para colmo, problemas. Los militares de su país (al que le aseguró la economía y todos sabemos cuánto aprecian esto los pueblos) lo honrarán desde las armas. Michelle Bachelet no lo honrará desde el Estado. Pero habrá que organizar actos en toda América latina. El New York Times ha anunciado su muerte como la de un cruzado contra el marxismo. Puño de hierro, dictador, pero un hombre que no dudó. Fue la suma de las peores cosas que un ser humano puede ofrecer: lo de asesino lo sabemos, pero fue, además, ladrón, mentiroso, cínico, se rió de sus adversarios y de sus muertos. Descansará en paz porque morirse es eso. Pero que no tenga paz su memoria. Que nadie olvide sus crímenes. La era de horror que inauguró. Que en las escuelas argentinas se sepa que Pinochet es parte de nuestra historia, porque prefiguró nuestra pesadilla, porque inspiró a nuestros verdugos. Que gane la verdad por sobre la mentira con que sus adeptos buscan protegerlo. Que su nombre infunda pavor y que ese pavor se transforme en coraje: nunca más un Pinochet. Que haya un busto suyo con una placa en todos los países del mundo. Que esa placa diga: “Augusto Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.

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09 diciembre 2006

Según Michael Moore: "Rajar, lo único valiente que nos queda" (de Irak, por supuesto)

El lunes 27 de noviembre la guerra de Irak pasó a ser un día más larga que la Segunda Guerra Mundial. Así es: pudimos derrotar a los nazis, a Mussolini y al imperio japonés en menos tiempo de lo que le está tomando a la única superpotencia que queda en el mundo asegurar la autopista que va del aeropuerto al centro de Bagdad. Y no es que la aseguramos, ya que después de 1347 días, el mismo tiempo que nos tomó conquistar el norte de Africa, desembarcar en Italia, cruzar el Pacífico y atacar Francia, no pudimos lograr que una simple autopista no explote a cada rato con minas caseras hechas con latas de conservas. Así nadie se puede asombrar de que los taxis cobren miles de dólares para ir del aeropuerto al centro. Y eso que el precio no incluye ni un mísero casco.

Este fracaso absoluto, ¿es culpa de nuestras tropas? Para nada. Lo que pasa es que no hay tanques o helicópteros o democracias salidas de la punta de las bayonetas que puedan “ganar” en Irak. Es una guerra perdida, perdida porque nunca tuvo ningún derecho a ser ganada, perdida porque la empezaron hombres que nunca fueron a la guerra, hombres que se esconden detrás de los que sí pelean y mueren.

Escuchemos lo que dice el pueblo iraquí según una encuesta reciente realizada por la Universidad de Maryland:

- El 71 por ciento quiere que Estados Unidos salga de Irak.

- El 61 por ciento apoya los ataques de los insurgentes a las tropas norteamericanas.

Sí, la gran mayoría de los iraquíes piensa que nuestros soldados deberían ser mutilados y muertos. Entonces, ¿qué carajo seguimos haciendo allí? Me parece que hay varios mensajes que no entendimos.

Hay varias maneras en que un país puede ser liberado. Generalmente, su propia población se alza y se libera a sí misma, como hicimos nosotros. También hay movimientos de masas no violentos, de desobediencia civil, como en la India. O boicots internacionales tan largos y efectivos que el régimen se rinde, como en Sudáfrica. O uno puede, simplemente, esperar hasta que las legiones del rey se cansen de congelarse y se vayan, como pasó en Canadá. Lo que uno no hace es invadir un país y decirle a su pueblo “llegamos a liberarlos”, cuando ellos no movieron un dedo para liberarse a sí mismos. ¿Dónde estaban los suicidas cuando Saddam los oprimía? Yo creo que el viejo Saddam era un tirano cruel, pero parece que no lo suficiente para que miles arriesguen su cuello contra él. “No, Mike, ellos no podían hacerlo... Saddam los hubiese matado...” ¿En serio? Y ustedes creen que nuestro rey George W. no mata a los insurgentes? ¿Ustedes creen que nuestros próceres no tenían miedo? Claro que sí, pero no pararon. Que un país no esté dispuesto a jugarse la vida para liberarse de un tirano es la primera indirecta que hay que atender, porque te dicen que no van a ayudar cuando uno quiera liberarlos.

Un país puede ayudar a otro cuando éste se está liberando de un tirano, como los franceses nos ayudaron a nosotros, pero en cuanto la ayuda termina hay que irse de inmediato. Los franceses no se quedaron en 1784 y no nos dijeron cómo formar un gobierno. No dijeron: “Nos quedamos porque queremos sus recursos naturales”. Se fueron y nos dejaron solos y nos llevó seis años poder llamar a elecciones. Y años después tuvimos una guerra civil sangrienta. Esas cosas pasan y los franceses no dijeron: “Mejor nos quedamos en EE.UU., para que no se maten por la esclavitud”. La única manera en que una guerra de liberación funciona es si los libertadores tienen al pueblo detrás y a un grupo de Washingtons, Mandelas, Gandhis y Franklins al frente. ¿Dónde están esos genios en Irak? Todo esto es una joda, fue una joda desde el principio y la joda es con nosotros, pero con 655.000 iraquíes muertos (según la Universidad Johns Hopkins), supongo que la joda también los afecta a ellos. Por lo menos los 655.000 sí fueron liberados. Para siempre.

Por eso no quiero ni oír hablar de mandar más tropas, ni de “redistribuirlas”, ni de esperar cuatro meses para empezar a retirarse. Hay una sola solución: irse. Ahora. Esta noche. Salir lo más rápido posible. Mucha gente de buen corazón no quiere creerlo, nos mata aceptar la derrota, pero no hay modo de deshacer el daño ya hecho. Si uno maneja de noche y borracho y atropella un chico, no hay manera de volverlo a la vida. Si uno invade y destruye un país, y empieza una guerra civil, no hay mucho más que hacer hasta que baje el polvo. Tal vez entonces uno puede purgar la atrocidad que cometió y ayudar a los sobrevivientes.

Los rusos se fueron de Afganistán en nueve meses y apenas sufrieron bajas. Se dieron cuenta del error que habían cometido y se retiraron. Hubo una guerra civil. Ganaron los malos. Tiempo después aparecimos nosotros y derrocamos a los malos. Todo el mundo contento. Fíjense, al final todo se arregla.

La responsabilidad de terminar esta guerra es ahora de los demócratas. El Congreso controla el presupuesto y la Constitución dice que sólo el Congreso puede declarar la guerra. Los demócratas tienen las riendas en las dos cámaras y no terminar con esta locura puede provocar la ira del votante. No es chiste, señores demócratas y, si lo dudan, sigan unos meses en guerra. Así dejará de ser la guerra de Bush y pasará a ser la guerra de Bush y los demócratas.

Esto es lo que esperamos:

1. Sacar a las tropas ya. No en seis meses. Ahora. No busquen más cómo ganar. No podemos ganar. Perdimos. Cosas que pasan.

2. Pidan disculpas a los soldados y compénsenlos. Pidan disculpas por hacerlos pelear una guerra que no tiene nada que ver con nuestra seguridad nacional. Hagámoslos sufrir lo menos posible. Los mutilados física y mentalmente tienen que ser atendidos y compensados financieramente. Las familias de los muertos se merecen la mayor de las disculpas y atenciones de por vida.

3. Debemos purgar la atrocidad que cometimos contra el pueblo de Irak. Hay pocos pecados peores que hacer la guerra por una mentira, invadir otro país porque uno quiere algo enterrado allí. Muchos más pueden seguir muriendo. Su sangre está en nuestras manos, más allá de a quién hayamos votado. Cuando termine la guerra civil, tenemos que ayudar a reconstruir Irak. No hay redención hasta que purguemos lo hecho.

Los americanos somos mejor que todo esto que se hizo en nuestro nombre. La mayoría nos enojamos tanto después de los atentados que nos confundimos. Nadie pensó, nadie miró un mapa. Y gracias a nuestro patético sistema escolar y a nuestros perezosos medios de comunicación, nadie sabe historia. No sabíamos que éramos nosotros los que financiamos a Saddam hasta cuando masacraba a los kurdos. No sabíamos qué era un sunnita y qué un chiíta. El ochenta por ciento de los jóvenes, según la National Geographic, no podía encontrar a Irak en un mapa. Nuestros dirigentes usaron nuestra estupidez, nos manipularon con mentiras, nos asustaron a muerte.

Pero en el fondo somos buena gente. Aprendemos despacio pero cuando nos dijeron “misión cumplida” sospechamos y empezamos a preguntar. Después nos fuimos desesperando y en noviembre nos enojamos y votamos para enmendar el error. Ahora la mayoría sabe la verdad, se siente triste y culpable y quiere de alguna manera enmendar las cosas. Por desgracia, no podemos. Entonces tendremos que aceptar las consecuencias de nuestros actos y estar ahí si el pueblo iraquí alguna vez se atreve a pedirnos ayuda. Les pedimos perdón. Y les exigimos a los demócratas que escuchen y nos saquen de Irak ahora mismo.

* De michaelmoore.com

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Documental: La confesión del cura que abusó sexualmente de cientos de niños

El documental estadounidense Líbranos del mal, que ya aspira al Oscar, muestra el primer testimonio de un sacerdote católico condenado por pederastia. También, el relato de sus víctimas.

Por Javier del Pino, Desde Washington
De El País, de Madrid. Especial para Página/12.

El cura Oliver O’Grady era tan cortés en sus modales y tan tierno con los niños que los feligreses de su parroquia se disputaban su afecto. Lo invitaban a cenar y a dormir en sus casas, convencidos de que tener un sacerdote en casa era una bendición divina. Por la noche, cuando todos dormían, O’Grady entraba en las habitaciones de los niños. Violó y sodomizó a cientos de ellos, niños y niñas, incluido un bebé de nueve meses. Su espiral de pederastia y los esfuerzos de la Iglesia Católica de Estados Unidos por protegerlo a él y a otros como él están recogidos con testimonios turbadores en Líbranos del mal, un documental que aspira a llevarse el Oscar dentro de tres meses.

Deliver us from evil (Líbranos del mal) es la primera película dirigida por Amy Berg, una productora de televisión que escogió un género documental nada parecido al de Michael Moore. Ella se sitúa detrás de la cámara y permite que la narración sea compuesta a través de los testimonios y las historias que relatan los entrevistados. El efecto es devastador por una razón fundamental: el documental contiene el primer relato ante las cámaras de un sacerdote pederasta dispuesto a contar lo que hizo, cómo lo hizo y por qué lo hizo.

Paradójicamente, la película compone una imagen de Oliver O’Grady situada más en la categoría de enfermo que de delincuente, pero deja a la jerarquía de la Iglesia Católica en Estados Unidos en una posición tenebrosa, metida en una sórdida maquinaria de autoprotección diseñada para ocultar los casos de abusos y entorpecer la acción de la justicia.

La película contiene otro documento inédito: la grabación de las declaraciones judiciales no sólo de O’Grady, sino también de sus superiores eclesiásticos. La comparecencia de Roger Mahony, que como obispo de Stockton (California) trasladaba a O’Grady de parroquia cada vez que surgían denuncias de abusos a niños, demuestra una capacidad sorprendente para ocultar u olvidar los pecados propios. Que Mahony fuera después ascendido a arzobispo y más tarde a lo que es hoy, cardenal de Los Angeles, permite que alguien en el documental se atreva a acusar a la Iglesia Católica de comportarse “como la mafia”, tal y como dice el ex gobernador de Oklahoma Frank Keating, que investigó sin éxito la indiferencia de la jerarquía eclesiástica ante las acusaciones de pederastia.

O’Grady acabó destituido como sacerdote, encarcelado por delitos de violación y deportado a su Irlanda natal cuando cumplió la mitad de los 14 años a los que fue condenado. Ahora recibe una pensión gracias al fondo que le contrataron sus superiores en la Iglesia; el documental sugiere que esta pensión es el agradecimiento por no haber declarado contra Mahony y haberle permitido así llegar a cardenal. En la película, O’Grady habla del “apoyo” que le brindó siempre Mahony y la satisfacción de éste al creer “que habían arreglado discretamente otro problema”.

En Líbranos del mal, O’Grady pasea por las calles de Dublín y se para a mirar a niños que juegan en parques y patios de colegios. Parece extrañamente ajeno a la repugnancia que generan los delitos que cometió y habla de sus actividades como depredado sexual como si fueran una simple afición. “Yo sólo quería abrazar a los niños porque los quería”, dice mirando a la cámara. Habla después de cómo “abrazar” y “mostrar afecto” se convirtió en “tocar”. Durante 20 años, desde 1973 hasta su ingreso en prisión en 1993, O’Grady abusó sexualmente de cientos de niños y niñas. En ese período, el sacerdote fue trasladado de parroquia en varias ocasiones; a quienes alertaron sobre su comportamiento se les garantizó que el padre O’Grady no tendría contacto con niños en su siguiente destino.

Algunos de esos niños, ahora con 30 o 40 años cumplidos, intercalan su recuerdo en el relato del sacerdote. Cuentan sus esfuerzos por olvidar y su miedo a hablar. El aspecto entrañable del ex sacerdote refuerza intensamente el contraste entre el tono de su testimonio y el de sus víctimas, que usan un lenguaje crudo para describir penetraciones anales y vaginales y evitar así que la expresión “abusos sexuales” quede en perífrasis.

Uno de los testimonios más impactantes es, sin embargo, no el de una víctima sino el de su padre, que se maldice por haber abierto la puerta de su casa a un delincuente. Llora ante la cámara “por haberle entregado a mi hija Ann en bandeja”; O’Grady abusó de la niña desde los 5 a los 12 años. Su padre dice haber renunciado a su fe religiosa y haber ganado un sentimiento de culpa con el que vivirá el resto de su vida.

Estadísticas recientes elevan a 100.000 el número de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes católicos sólo en Estados Unidos. La directora, Amy Berg, cierra la película con otro dato probado: 8 de cada 10 personas que han sufrido esos abusos nunca lo reconocerán ni lo denunciarán.

La semana pasada, Mahony cerró un acuerdo extrajudicial con 45 víctimas de abusos a las que su diócesis, la más grande y acaudalada del país, pagará en total 60 millones de dólares. Cientos de demandas similares siguen su curso. La directora del documental se esfuerza en demostrar que la maquinación para ocultar y hacer callar estas denuncias no se reduce a la confabulación de algunos párrocos rurales, sino que asciende a lo más alto del escalafón católico: fue el cardenal Ratzinger, antes de convertirse en Papa, el que modificó la doctrina canónica para entorpecer cualquier investigación sobre sacerdotes acusados de abusos. Y fue el cardenal Ratzinger, después de convertirse en Papa, el que pidió al presidente de Estados Unidos inmunidad legal frente a una demanda en Texas que lo acusa de conspirar para ocultar delitos de abusos a menores. Es significativo que formulase esa petición de inmunidad ante el Departamento de Estado, porque como jefe de Estado su inmunidad es automática; claramente, los abogados del Papa querían estar seguros.

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05 diciembre 2006

Arte poética (Borges)

Mirar el río hecho de tiempo y agua
Y recordar que el tiempo es otro río,
Saber que nos perdemos como el río
Y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
Que sueña no soñar y que la muerte
Que teme nuestra carne es esa muerte
De cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
De los días del hombre y de sus años,
Convertir el ultraje de los años
En una música, un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
Un triste oro, tal es la poesía
Que es inmortal y pobre. La poesía
Vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
Nos mira desde el fondo de un espejo;
El arte debe ser como ese espejo
Que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
Lloró de amor al divisar Ítaca
Verde y humilde. El arte es esa Ítaca
De verde eternidad, no de prodigios

También es como el río interminable
Que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
Y es otro, como el río interminable.

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